domingo, 19 de julio de 2015

De cuando hiela y otras cicatrices.

[Día, noche, ponientes, madrugadas, espacios,
ondas nuevas, antiguas, fugitivas, perpetuas,
mar o tierra, navío, lecho, pluma, cristal,
metal, música, labio, silencio, vegetal,
mundo, quietud, su forma. Se querían, sabedlo.]
"Se querían", Vicente Aleixandre.


Yo no quiero aparecer en los libros,
no quiero ser tu sístole 
ni tu ventrículo izquierdo.
No quiero que me recuerdes
con el pelo rojo, no quiero
que hables de mí a tus nietos.

Yo no quiero que me eches

de menos ni quererte de más, 
no quiero casarme ni tener hijos, 
ni tenerte a ti otra vez. 
No quiero hacer trapos
con tus camisetas viejas, no quiero
quitarte el sitio en el cajón
ni ocupar tu lado de la cama.

Yo no quiero besarte en las comisuras
de los labios cuando voy con prisa, 
ni conocer a tus padres.
No quiero ir a pasear los domingos,
no quiero pasar a tu historia,
ni dejarte huella.
No quiero ser tu espada ni tu pared
ni tu adiós ni tu quizás.

Yo no quiero ser el beso en el ascensor,
ni el polvo de buenos días.
No quiero quererte como ya lo hice,
ni perder el bus por cinco minutos más
durmiendo en tu cuello.
No quiero que me llames borracho
ni que te acuerdes de haberlo hecho.

Yo no quiero nada de esto ni
muchas cosas más porque ya lo tuve
y las historias, como los poemas, 
no siempre acaban como queremos
ni donde estuve.

No sé si sabes que no hay más jaula
que escribirte, que no hay manera
de sacarte de la tinta.

No sé si sabes que no hay más ciego
que el que no te quiere mirar, que todo
está más muerto desde que no me cuelgo
de tu soga.

Pero lo que tampoco quiero es que sepas
que cada noche vacilo entre beber o llamarte
porque la vida aprieta pero tú
ahogas.


miércoles, 8 de julio de 2015

De ver los años pasar y otras vueltas del reloj.

Y sobre todo el vértigo del tiempo,
el gran boquete abriéndose hacia dentro del alma
mientras arriba sobrenadan promesas
que desmayan, lo mismo que si espumas.
"Arte poética", Las personas del verbo,
Jaime Gil de Biedma. 
 
El tiempo, qué maldito hijo de puta.
Ha conseguido que te quiera más de lo que nunca
he sabido querer,
ha conseguido que me acueste con otros mientras echo
de menos tu piel.

El tiempo, fiel ladrón de los ladrones.
Ha hecho que me robes el tiempo en tus ojos,
me ha robado todos los muros entre tu espada y mi pared,
ha dejado mis esquemas en ruinas,
igual que una muralla en trozos.

El tiempo, jodida boca de miel.
Me ha visto amanecer contando tus costillas,
buscando mi papel en la obra
de teatro que me has escrito de rodillas
y pedirle clemencia hasta al papel
porque si tú estás y me respiras, incluso vivir me sobra.

El tiempo, cerdo sin ley ni moral.
Me ha dado libros en los que buscar tu nombre
sin ser capaz de encontrarlo,
me ha impulsado a escribirte
para que nunca me leas, para que pueda quemarlo.

Quién sabe qué hubiese sido de mí
sin ese maldito hijo de puta,
ese fiel ladrón,
esa jodida boca de miel,
ese cerdo sin ley ni moral,
sin el juego de palabras que hace tu boca
con la mía, porque todo lo curas.

Quién sabe si hablo del tiempo
o de ti,
del remedio o de la enfermedad,
de la cura o de la locura,
de ver girar las manecillas del reloj
o de dejar de por vida
en tus manos atada mi cordura.

sábado, 30 de mayo de 2015

Cosas de mayo.

Ya sé que no es eterna la poesía, 
pero sabe cambiar junto a nosotros.
"Garcilaso 1991", Luis G. Montero

      Un año después todo sigue como estaba, pero nosotros ya no somos esos que éramos. Un año después se siguen haciendo los mismos exámenes, se siguen dando los mismos temas, se siguen quejando de las mismas cosas; seguimos en las mismas pero dentro de nosotros todo ha cambiado. La mayoría, ya no somos igual de puntuales, nos permitimos el lujo de los cinco minutitos más para coger un bus quince después y llegar a clase media hora tarde. Ya nadie se permite el lujo de gritar a los cuatro vientos que es demasiado, que el último tema no puede entrar, nadie rompe baldosas a portazos ni, en días como hoy, nos tomamos un par de copas con ese que te puso el 4’9 y te dejó en 4 “porque así te esfuerzas más”.
     Sigue todo como estaba. Quizá somos nosotros los que hemos cambiado, quizá todo siga así por muchos años porque mientras haya lo que hay, lo que hubo, lo que venga. Pero somos nosotros que estamos fuera, será que notamos el paso del tiempo, que cierran las cicatrices del alma, que empiezan otras etapas y los sueños a cumplirse. Que quizá sean las fechas, pero los inviernos y los domingos siguen siendo los mismos pero no somos los de entonces, aunque a veces suene esa canción en aleatorio y vuelvan los olores en diferido y recordemos una y otra vez cada pasillo y cada risa en él, cada llanto en los rincones del baño, cada cucharada y cada abrazo que le dimos al de al lado. Quizá no pensemos como entonces pero lo bueno es efímero aunque siempre perdure en el puñal que es la memoria, en cada sílaba, en cada fecha aprendida, cada decepción y cada triunfo.
      Hoy se cumple un año, cosas de mayo, y todo sigue como estaba. Un año para aprender y equivocarse, porque aprender no es cambiar, es crecer. Un año para descubrir, para creer en nosotros, para echar la vista atrás y sentir que todo eso es nuestro, que nadie nos ha regalado nada, el podio es nuestro y lo será por muchos años más; el podio de nuestra vida, de nuestras decisiones y de nuestro futuro. Un año para oír como ladran los fantasmas del tiempo, de vernos con otras caras en las fotos pero con la misma gente -o casi-, un año de mirar el fondo y probar otras ciudades, otras caras, otros libros y otras risas, porque todo concluye pero nada se calma. Un año de mirar la realidad sin ningún filtro, un año exento de palabras cohibidas, un año lleno de tomar otros caminos que aquellos que se esperaban de nosotros, de tirar la piedra y enseñar la mano, de saber que si yo no, ¿quién? Ha sido un año de ver el amor tras los cristales de la cafetería, de alejarme del cánon y de marcarme el ritmo, un año de cortar mi alma a otra medida. Un año de afirmar que nos sobra el tiempo para perdernos en nosotros mismos, para no movernos de la tranquilidad de los recuerdos aunque a veces miremos al cielo deseando estar en ese avión, o a tus labios, hay maneras y maneras de volar. Hace un año era tiempo de no soñar, de ceñirse a lo marcado y sin embargo, no había ninguna baraja de cartas repartida. 
    Después de un año, sigo escuchando los aplausos, la huella del dolor amortiguado, el hueco que dejan los pupitres y la lágrima en los libros que ha dejado tu partida. Después de un año, las nostalgia sigue aquí, encontrándome algún sábado asomada a la ventana con mil cosas que hacer y mil quinientas ganas de volver; me ha encontrado y las canciones vuelven a adaptarse al corazón, mi letra a esos márgenes y mis diecinueve años a otra rutina.
       Sin embargo, después de un año, de muchos años en realidad, sigo mirando a mi derecha y está ahí mi compañera en la nostalgia, en los triunfos y en las derrotas, en el amor y en los días dónde todo es una tormenta, en los martes, por las noches y a las siete de la mañana cuando todavía ni el sol nos mira, incluso cuando nada sale bien y me asusto a poco que la muerte enseña los colmillos más allá del espejo, porque han pasado los años y aquí seguimos, porque la vida es esto, entender que quien sabe lo que vale, consigue lo que se merece, aunque yo ni sé lo que valgo ni sé si te merezco o no, sólo sé que vales más de lo que te dice el espejo por las mañanas y te mereces cotizar por existir.
     Al final, creo que oficialmente todo está donde tenía que estar, cosas de mayo. Este es nuestro gran triunfo, brindemos.

jueves, 28 de mayo de 2015

La ridícula idea de no volver a escribirte.


      Se asoma el abril que nos robaron y hoy hasta la última tilde se acuerda de ti. Porque no estás, porque con una asombrosa facilidad, el libro, nuestro libro empieza a coger polvo en un cajón y aún con esas, sigo parándome a leer cuando lo limpio y, créeme si te digo que escuece como siempre y quema como nunca.
      Supongo que sólo me cabe aceptar que lo nuestro duró lo que mi pasión por la ciencia. Estamos en distintos campos y menos mal;  no habría sido capaz de aguantar esta química que no reacciona ni un día más. Éramos demasiado estables el uno sin el otro pero eso, en letras, nunca llegamos a entenderlo. Creo que por eso te sigo escribiendo, porque el papel siempre dura más que la memoria y una reacción exotérmica como la nuestra, nunca duró lo suficiente como para entendernos, catabólicos, y crear siempre algo mejor y más grande.
      Quisimos ser los Curie y yo nunca entendí que lo único que me mataba eras tú. Por eso he preferido optar por aislarte en un cajón y quitarte el polvo de vez en cuando aguantando el miedo a que puedas ser el radio al que acabe volviendo. 

jueves, 16 de abril de 2015

Sumo treinta y me divido.

      Llevo un mes invirtiendo las horas en buscar algo que no encuentro, encontrando lo que no busco, encontrándote a ti y buscando a tantos otros que difuminen las caricias que me queman en la piel. Llevo un mes buscando a alguien que no eres tú y encontrando muestras de que sigues vagando por aquí, mirando a todos lados por si no te veo pero mis pupilas se pelean por colgarse de tus pestañas otra vez. Llevo un mes temiendo verle las orejas al lobo, vacilando al subir al autobús por si te veo y mi semáforo se pone en rojo y te miro y vuelvo a tropezar, sin saber si algún día podré volver a tocarte sin sufrir alguna taquicardia. Llevo un mes drogándome, pidiendo a todo el mundo que no me hable de ti, que no me cuenten qué tal te va, con quién estás o si saben que me echas de menos. Llevo un mes arrepintiéndome por cada lunar que no besé, por cada esquina que no crucé contigo, por cada vez que no te llamé cuando iba borracha. Llevo un mes escribiéndote, rogándole que vuelvas a un Dios en el que no creo. Quizá sea por eso, todo en lo que no se cree, no sucede y acaba pasando factura. Llevo un mes cimentando mi fe en tus costillas, deseando volver a desabrocharte la camisa mientras tú me desatas los miedos, queriendo volver a verte a mi lado, sin más. 
     Cuento ya más de treinta días sabiendo que por más que invierta, busque, tema, me drogue, me arrepienta, te escriba y cimente mi fe en algún lugar de ti, los domingos siempre me alcanza un hilo frío de voz que me grita que tus manos no van a volver, que ahora tu piel se eriza por otra y que nunca, nunca, vuelva a rogarle al lobo que me deje creer.

martes, 7 de abril de 2015

Las migajas de diciembre.

      
      A veces, me paro a pensar cómo sería sin ti mi poesía, de qué ojos escribiría si no aparecieran los tuyos a trasluz por las cortinas cuando cierro los ojos, si entendería lo que es que te toquen el alma si tú no me hubieses acariciado como al papel de fumar. Miro de vez en cuando las dos únicas fotos que tenemos y siempre me pregunto si alguien conseguirá algún día fotografiarme esa cara, porque en ninguna más salgo así, porque me brillan los ojos más de lo que el ron es capaz de conseguir, porque los músculos de mi cuerpo se adormecen si pasas cerca y me quedo ahí, mirándote sabiendo que si pestañeo me pierdo un segundo de tu biología y maldigo mil veces al viento y no me deja disfrutarte. Ojalá, de verdad, ojalá pudiese volver a mantener los ojos abiertos para ver cómo cierras los tuyos cuando me ibas a besar; que cuando se cierra una puerta se abre una ventana, o eso dicen, pero no hay nada más bonito que ver cerrar las puertas a tus pupilas y abrir las ventanas a tu boca, y que entren las flores de tu lengua a mi balcón, que por nosotros se rompan todas las bisagras y sienta el viento de tu piel arrasar con todo lo que llevo dentro que nunca te diré. Quiero volver a ese diciembre de hace un año y que te acurruques en mi espalda, que me cuentes los lunares y beberte en todas las estaciones, que se pare nuestro tren y hagamos el kilómetro cero en cualquier calle.
    A veces, me pillas en el día menos adecuado, que salgo de las dudas de tu cuerpo y nunca sé volver, que miro las fotos aunque la pena no valga para nada porque ya no estamos, porque no hay mal que por bien no venga y, si viene, le abro puertas y ventanas por ti, porque dejaste rotas las bisagras y ahora no hay nadie que te cierre el paso cuando intento pasar página y vienes como una ventolera, no hay quien te pare los pies cuando trepas por mi ombligo hasta mi cabeza otra vez. Te he visto hacerme nudos en la mirada y, te lo aseguro, no hay mejor marinero que tú y ninguna sirena va a cantarte como lo hago yo.
A veces, se me seca la boca de tanto escribirte pero tus palabras nunca se las lleva el viento porque va cargado, verás como vuelves.

miércoles, 1 de abril de 2015

A veces me contradigo.


“Una vez me dijeron que las mentes contradictorias son las más complejas”

A veces llega cuando
menos lo esperas,
el inconsciente te delata
cuando besas

a mitad de una cerveza,
cuando la piel pide
más que la cabeza,
cuando te rozan el alma
en el cuello y duda,
y vacila tu entereza.

A veces, llega cuando
no te quedan metas,
cuando no escribes,
cuando pecas,
cuando sus ojos hacen reclamar
a los tuyos las muletas.
Y sonríes y bebes
y vives y besas otra vez
y te retumba eso
de que por la boca muere el pez,
que las risas suenan
más bonitas a la vez y sólo
porque no se me nota temblar 

si me tocan esas manos otra vez.

A veces llega cuando
sólo quiero gritar,
cuando no hay frío
que me haga tiritar,
cuando las cuerdas no hacen
más que sonar y sonar y
- ¿Qué quieres? ¿Bailar?
Pues bailamos, bailamos
hasta que nos cierren este bar,
que todavía nos queda mucho

por viajar.