martes, 12 de marzo de 2013

Aquel nombre se me iba como espuma de cerveza.

Despierta porque apenas duermo, porque sueño con todo.
Porque darle a mi cabeza mil vaivenes para que con suerte deje de marearme es tan irónico como que siga perdiendo el culo por ti. Parece estúpido que a la que consideran fuerte, se derrumbe cuando solo la zarandean y, joder, qué hago si parece que hasta la Tierra va a cambiar la rotación.
Soy de las que tiran de café en los días de lluvia, solo para quedarme viendo como caen las gotas, igual que tus putas palabras, qué solo me daba cuenta de que estaban lloviendo cuando aparecía mojada, no sé si de indiferencia o de demasiada atención. La cuestión es que esas palabras eran capaces de emborracharme hasta hacerme perder el sentido.
Y ahora me atormenta esta resaca, que n
o me deja ni pensar; ni ebria ni sobria me dejas de incordiar. Yo pensando que iba a ser la Terminator de ese coco, me la he jugado y mira, reconstruyendo mis ruinas para volver a empezar, una vez más, sin gotas ni besos que me dejen sentimentalmente terminal.
Me dije a mi misma que ‘no’ 50 veces, y aquí sigo rezando para que veas mi culo andar por tu pasillo y mientras tanto rechinan los muelles de mi cama gritándome que dónde estás, que dónde acabaron esos pantalones. Que aún pican tus putos besos en la garganta, y mira como me joden, quieren pirarse porque tu boca ya no está porque cada vez que te veo sonreír, vuelvo a perder.

viernes, 8 de febrero de 2013

Conmigo, piérdete por las calles; piérdete en mis piernas.


Las cinco y pico de la tarde de un viernes que se despertó medio decente, con alguna nube suelta a las 8 de la mañana pero que se ha ido tornando tono tras tono hasta este instante en el que tengo al otro lado del cristal un cielo casi negro, diluviando  y de vez en cuando se torna y nieva. Mas o menos como mi humor; que puedo sonreirte y darte un beso a primera hora, y esa misma noche querer matarte. Será que soy mujer.
                Pero la verdad es que como todo, el humor es capaz de mejorar y tu actitud se vuelve diferente cuando una noche de tantas alguien totalmente desconocido físicamente pero no tanto en el ámbito psicológico se mete entre tus sábanas emocionales dispuesto a hartarte de piropos y hacerte sonreír. A veces, incluso hasta sonrojarte o, en mi caso, aumentar la temperatura. Asi, una buena noche aparece entre mis mensajes algo así, después de una larga conversación compartiendo ambiciones y principios:
“-Transmitir mi cálido afecto desde tus labios hasta los muslos que se alejan sugestivamente de tu húmeda entrepierna, es lo único que calmaría el deseo que tengo de empotrarte contra la áspera y dura pared. Y quererte. Querernos sin más.
Llegará el día en que no sea la distancia la que nos separe, sino un simple trozo de tela, el cual yo arrancaré y lameré recordando los días y las noches como estas que me deseaste para ti en tu cama y la vida no tuvo el coraje de ayudarnos a que aquel deseo se hiciera realidad. Serás mía y yo tuyo. Nuestro será el placer y tu cama testigo de ello.”
Después de leerlo y releerlo  te das cuenta de que no solo eres tú y los tuyos a los que ves de vez en cuando, sino que puede haber alguien incluso a 1982’5 km que te desea, lo que me hace ponerme a pensar y decirme a mí misma “Andrea, tienes que darte la vuelta y mirar hacia fuera, no sabes lo que te estás perdiendo”.

miércoles, 30 de enero de 2013

Mis reales, mi salida del laberinto.


Hoy 30 de enero, miro para mis adentros y me doy cuenta, aunque muy joven aún, de todo lo que llevo dentro y a rastras. Todos estos años pasando día tras día con una anécdota más, o un mal día para olvidar, aunque soy de esas que intenta sacar una sonrisa, aunque sea a la fuerza, hasta en los peores momentos, pero tengo la gran suerte de que no lo hago sola, tengo a los que me quieren, a mis reales, a mi lado, a las buenas y a las malas y tal y como están las cosas es lo único que vale la pena aquí.

Aprovecho hoy precisamente, el día en que cumplo 17 años para agradecer en un Word de los míos todo a todos aquellos que han estado siempre, a lo mejor no desde el principio, pero sí hasta el final o al menos eso pretendo. Gracias a todos los que me han sacado sonrisas sinceras, que no todos pueden he de decir, los que me han hecho reírme a carcajadas hasta llorar, también a los que lo han conseguido pero lágrimas de emoción, a quién ha conseguido sacarme del agujero cuando todas las escaleras emocionales han fallado, a quienes han hecho que vea todo desde mil perspectivas distintas, simplemente para que me dé cuenta de que tengo que mirar un poco más allá de mi propio cristal que, a veces, me impide ver hasta lo más obvio.  A quienes han aparecido hace relativamente poco y me han aportado lo que ni yo misma me esperaba, a quienes llevan tanto aquí a mi izquierda, que no han hecho hueco, sino socavón a primera línea emocional y que, si en algún momento se fueran, no habría posibilidad de reconstrucción de este desastre. 

Una vez dadas parte de las gracias que merecen, ya que no todo se puede expresar en una pantalla de ordenador y hay quien no me las acepta, con el pretexto de “no hacen falta, ya lo sabes”. Si, y también sé la falta que me hacéis y que una de las pocas maneras que tengo de demostrarlo es dar las gracias.  

Como despedida, a todos los que lo leáis, sabéis quienes estáis implícitos aunque no se os nombre, de sobra, y quienes no, sabed que tener a tu vera a quien te valora y te quiere así es lo único que sirve y perdura, te dibujan los laberintos si te pierdes y como Ariadna a Teseo, se juegan hasta la vida por darte la cuerda y sacarte de ese agujero, por muchas escaleras que fallen.

viernes, 11 de enero de 2013

Soy lo que tú quieras ver.

Soy distinta, promiscua hasta hartarme, cabezona, hablo más que escucho, grito hasta dejarme la voz, soy ególatra como la que más, morena, pelo castaño medio rojo, ojos marrones, guerrera, responsable, con las ideas claras, fuerte, o eso intento, hermana de mis amigas y con una madre que no me merezco.
Me dicen que como es que tengo las cosas tan claras, y tan poca vergüenza en cuanto a que no me importa decir cómo soy, lo que siento o cada cosa que pienso. Me insultan y sigo siendo la misma, ¿Qué si no me afecta? Realmente no, tengo muy claro quién soy y cómo soy y así quiero seguir. La gente que me quiere está aquí a las buenas y a las malas y si siguen aquí a mi lado es porque les da igual como sea, que tengo mis más y mis menos si, pero con la gente que quiero, siempre doy lo mejor de mí. ¿Qué si algún día cambiaré? Puede, pero nadie se levanta un día habiendo cambiado su mentalidad o físico completamente. Si necesito algún cambio llegará el día que lo decida y será poco a poco, no de un día para otro decido que quiero ser otra. De momento estoy muy a gusto tal y como soy, cuando me miro al espejo veo algo que mucha gente estoy segura de que miles de complejos se lo impedirán, que yo también los tengo eh, pero sobrevivo igual, son parte de mi y si se eliminan sonríes igual que si los tuvieras. Me digo ‘qué buena estás’ cada mañana como mínimo 200 días al año porque realmente lo siento así. Y cuando me dicen ‘qué bien te ha salido el texto argumentativo’ sonrío y lo agradezco, sintiéndome mejor que nunca con mi yo intelectual, del que también estoy orgullosa.
Pese a todo, llevo un rollo de tía fuerte y sin sentimientos que acarreo desde hace tiempo; echaron tantas pachangas con mi cora que ambos hemos acabado sabiendo jugar mejor y ahora es ésta femme la que se pone por delante, previniendo lo que viene, sobrepasándolos. Como con un yoyó ando mareándolos, que ni sí ni no, ni blanco ni negro chico, tu a tu rollo y yo al mío, pero tranquilo, que hasta este de mi izquierda no llegas, que arrasando con todos parece el acorazado Potemkin.
                Ya no veo un futuro sentimental claro, porque sois todos tan capullos que después de tanto tiempo, da gusto devolvérosla doblada, mejor sensación que vuestros putos orgasmos. Ya veis, que la venganza se sirve en frío, y vosotros os calentasteis demasiado, así os ha pasado, que ahora hipotérmicos perdidos. Perecéis payasos de circo intentando hacer girar varios objetos y estáis equivocados, que jugáis contra la que os lanza cuchillos como palabras y a las cuatro, caéis de rodillas, pensando equivocado, ¿Qué me tienes en el bote? Ay chico, hace mucho que no me dejo intimidar y tu no vas a ser la excepción.
                Soy lo que quieras ver y como lo quieras ver, como filtro fotográfico, remodeláis la realidad a vuestro gusto, malinterpretando palabras y sacando conclusiones que ni pies ni cabeza. No me vais a cambiar por mucho rumor que soltéis, ni basándoos en principios de la física vais a conseguir hundirme, no soy el Titanic, ya lo dije, soy como el Katrina y el día que estalle, peor que la bomba de Yroshima. Si quieres criticar, critica, pero no ladres y no vas a morder, y ojo, que ando como una loba en tu nuca. 

martes, 25 de diciembre de 2012

La exigencia.


Literalmente, la exigencia se define como acción y efecto de exigir o, en su segunda acepción, como pretensión caprichosa o desmedida.  El ser humano en todas sus facetas es, en menor  o mayor medida, exigente consigo mismo y, en consecuencia, con el resto, lo cual tiene sus más y sus menos, como vamos a exponer a continuación.
La exigencia la tomamos como la petición de algo con energía, a modo de orden y a nosotros mismos nos la aplicamos. Igual que al resto, pretendemos que nos den exactamente lo mismo que damos o incluso más, por lo tanto somos exigentes con el resto, queriendo ser iguales, incluso pidiendo más de lo que damos por el simple hecho de habernos esforzado en ello.
En una sociedad competitiva, las exigencias son previsibles porque hay que superar el rendimiento de otros para poder obtener beneficios y alcanzar una posición, necesidad que demanda la más alta eficiencia  en la acción y en el modo de hacer las cosas.
Por ejemplo, en cuanto a la justicia, cuando nos pasa algo grave, como un robo en nuestras casas, o simplemente una nota que tachamos como injusta, que es lo que a nosotros nos parece, acudimos directamente al representante de la justicia, depende de la situación en la que nos encontremos, buscando una solución a un problema que, al fin y al cabo, no la tiene. Además, exigimos que nos recompensen de la misma manera que nos hemos esforzado para conseguir el resultado cuando lo mejor es, como dijo Confucio, ‘Exígete mucho a ti mismo y espera poco de los demás, así te ahorrarás disgustos’. En el caso de un robo, exigimos que se encuentre al ladrón y que este mismo pague, en la misma medida o en mayor medida, lo que a nosotros nos costó aquello que ha robado, y lo seguimos exigiendo aunque sea imposible encontrar al culpable. El ser humano tiene esa faceta egoísta y pretensiosa de recuperar todo aquello que pierde. Y en el caso de una nota, el estudiante exige que se le vuelva a corregir el examen, aunque sea culpa suya el haberlo hecho mal, o el no haber estudiado. Cree que esa nota es injusta y exige que se le recompense, cuando ni siquiera se puede.
En cuanto a nosotros mismos, la exigencia se presenta como un patrón de conducta que nos obliga a cumplir “planes” previos sin ninguna flexibilidad ni margen de error, lo que a nivel psicológico puede ocasionar grandes problemas mentales y de salud. Esto viene provocado por la exigencia por encima de nuestras propias posibilidades, porque aquel que cree que todo está en la voluntad, está muy equivocado. La voluntad influye, por supuesto, pero no puedes pretender llegar a unas determinadas metas exigidas a ti mismo si tus limitaciones te lo impiden, lo cual podemos resumir en una cita de Plutarco que decía: ‘El trabajo moderado; y lo debilita cuando es excesivo; así como el agua moderada nutre las plantas y demasiada las ahoga.
                En conclusión, tenemos la exigencia como un sustantivo un poco peculiar, quien lo toma con fuerza, pretende llegar hasta sus más altas metas y expectativas, acarreando con ello la exigencia desmedida al resto, el cual, por determinadas limitaciones se exige lo mismo o más que ese líder y acaba provocando problemas serios, con lo cual, la exigencia se ha de tomar despacio, y en pequeñas dosis, en función de nuestra capacidad y quien lo haga de golpe, que se atenga a sus consecuencias.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Cómete el mundo después de comerme a mí.


Un mensajito a las tantas, un beso mal dado, una lágrima de felicidad, una barra de labios, un paquete de preservativos, una mentira para salir del paso, un corazón mal pintado, un vicio malo, un alma buena, una sonrisa blanca, un cigarrito a las tres de la mañana, una película porno, un “I love you” mal pronunciado, un adiós que siempre suena igual. Una canción hippie, un colchón caliente, un invierno frío en la calle y un subidón en el ascensor, un desayuno sin diamantes, un pelo despeinado después de liarla un rato, un gemido que te eriza la piel, una mano traviesa, un juego prohibido, un chocolate que no se come, una cuenta atrás.... 
Ven desnúdate, desnúdame, la mejor marca de ropa que conozco se llama tu piel, y no hay mejor pincel que la imaginación el respeto al amor en conjunción con un tal colchón.

domingo, 25 de noviembre de 2012

Tienes lo que me calma, lo que me vuelve loca.

Tenlo claro, voy a ser yo esa a la que veas pasear por el centro de Madrid con una falda que te seque la boca, y un perfume que te deje sin respiración. A la que veas cada noche entrar en el portal con un hombre distinto amarrado a mis caderas y lo escucharás todas las noches. Escucharás el eco de lo que un día pudiste tener, lo que pudiste conseguir solo con dar un paso más, con arriesgar lo poco que podías perder, y mírate ahora, yo que dependía de tus llaves, ahora eres tú quién pretende beber de mí.
Yo con los medio filtros en el bolsillo, medio vacíos como el cubata que dejaste a mi vera antes de pirarte y quién te lo iba a decir, cómo y de qué manera cambian las tornas, eh?  Ahora eres el que busca detrás de la barra la botella medio llena de besos y medio vacía de los polvos que faltaron por echar, probaste la miel en la boca del lobo sin darte cuenta, y te supo tan bien que no supiste gestionarlo, tal y como decías 'las promesas y las dudas en el mismo trago' y sin quererlo pero sí beberlo, te tragaste hasta la última gota de aquello que te daba las sonrisas, y el sabor dulce entre tabaco y canela se acabó.
Fumando empezó todo, y con el último calo acabará, nos fumábamos las penas juntos, entre beso y beso, mientras otra te daba lo que yo no era capaz, y ahora, al contrario, soy yo la que recibe noche sí, y noche también todo lo que tu cobardía dejó pasar y eres tú quien da de comer al del estanco. 
Eras quien yo quería que quitara el color de mis labios cada noche, o cada día, qué mas da si siempre es buena hora. Ahora me tachas de fría, pero, ¿en qué te basas? Si cada vez que te me acercas soy capaz de derretir el sol, pero me tienes como tu luna, aullándome cada noche como un lobo; el lobo que me dejó probar de su miel.